
Para estas dos semanas me ha sido fácil seleccionar un animal. Lo he tenido sencillo y bien claro desde que tuvimos la clase de los ríos de aprendizaje con Nieves. En esta ocasión, para realizar el símil de las dos semanas he decidido seleccionar a un molusco: la almeja.
¿Por qué la almeja? Porque pienso que nosotras y nosotros compartimos muchos aspectos con estos peculiares animales. Uno de ellos es la concha y otro de ellos es que estos seres vivos se esconden dentro de esta para protegerse. ¿No os suena familiar? A mí sí. De hecho pienso que los seres humanos tenemos una concha invisible en la cual nos ocultamos cuando vemos que hay peligro y no salimos hasta que todo esté calmado. Curioso pero bien cierto.
Y es que estas dos semanas con Nieves han sido bastante intensas con los ríos de aprendizaje. Yo la verdad es que esperaba mucho menos de esta tarea, algo mucho menos profundo y entretenido, pero la situación dio un giro inesperado que me conmovió bastante. Escuchar los relatos de mis compañeras y compañeros han supuesto un ejercicio inconmensurable; dejar de lado nuestras conchas, desnudarnos y hacernos ver tal y como somos me ha dejado sin palabras. ¿Cuál fue la tónica común de estas dos sesiones? Las lágrimas, pero bien justificadas.
Uno se sorprende bastante al ver toda la historia que hay detrás de las personas. La dureza de las experiencias que han vivido tanto en el ámbito escolar como extraescolar –familiar y social-. Sacar todo esto para hablarlo es como despojarte de tu concha que te protege y quedarte vulnerable, quedarte puro.
De los relatos me sorprendieron millones de cosas, montones, no podría describir lo que he sentido durante estas dos sesiones, pero sí que me gustaría hacer una especie de conclusiones de lo que he estado observando en los relatos:
- La primera conclusión es la capacidad de sobreponerse y luchar de mis compañeras y compañeros. Efectivamente, ellas y ellos han tenido problemas graves en sus vidas, pero han seguido luchando y seguir hacia delante. Esa capacidad de no rendirse y seguir luchando es sumamente admirable.
- La segunda conclusión es que detrás de cada historia escolar hay otra historia –extraescolar- que marca incluso más que la experiencia educativa. Muchas y muchos hablaron de cosas que le habían sucedido en el hogar. Experiencias que les han afectado bastante en lo emocional y que incluso han condicionado sus vidas.
- La tercera conclusión a la que llego es que hay un cierto desarraigo por lo formal en la escuela, es decir, los aspectos formales –currículo- no marcan tanto. Esto va muy en la sintonía de los artículos de Pepe Contreras, Perrenoud, etc. que he estado leyendo, donde especifican que la escuela no es solo un ámbito formal y academicista sino que en él se establecen vínculos, vivencias y experiencias con terceras personas. Totalmente cierto.
- La cuarta conclusión y más polémica es la perversión de algunos docentes. Creo que podría apuntar incluso a maltrato psicológico o etiquetar a estas personas de enfermas mentales. Muchas barbaridades he escuchado mientras mis compañeras y compañeros exponían sus ríos de aprendizaje. Ellas y ellos han sufrido algunos tratos por parte de sus docentes que son dignos de un psicópata. Incluso castigos retrógrados que creían que habían desaparecido en los 80, han sufrido mis compañeras y compañeros.
En definitiva, la escuela es un espacio en el cual se viven muchísimos acontecimientos y que el río de aprendizaje nos demuestra cómo estas experiencias nos pueden marcar a lo largo de nuestra vida como estudiantes. Este hecho me hace reflexionar sobre los relatos que leímos de Eduardo porque van en sintonía con lo que hemos reflejado. Nuestros finales han acabado bien, pero los de aquellos chicos no. Esa es la diferencia.
Por otra parte, a lo largo de las reflexiones de las conclusiones no he querido reflejar ninguna experiencia por el hecho de guardar el anonimato de mis compañeras y compañeros. Aún así me gustaría dedicar unas palabras a esta magnífica experiencia que Nieves nos ha brindado:
- AMOR.
- DOLOR.
- SOBREPONERSE.
- ESFUERZO.
- LUCHA.
- OPTIMISMO.
- DEBILIDADES.
- REBELDÍA.
- VARIEDAD DE EXPERIENCIAS.
- AMISTAD.
- ACEPTACIÓN.
- DISCRIMINACIÓN.
- SUPERACIÓN PERSONAL.
Se las dedico a todas y todos mis compañeras y compañeros. A ellas y ellos les debo estas palabras que fui anotando conforme escuchaba sus ríos de aprendizaje. Solamente puedo agradecerles que por un momento hayan dejado la concha a un lado y se hayan mostrado tal y como son. GRACIAS.
Cambiando de módulo, ahora me paso al de Evaluación Educativa de Santos Guerra. En estas dos semanas hemos tocado tres puntos: experiencias de evaluación, los problemas en la evaluación y la evaluación de las instituciones. El primero viene a ser una continuación de lo dado y el segundo sería como un nuevo tema que hemos empezado.
Iniciando el módulo de Santos Guerra siempre lo empiezo con la misma frase: evaluar es algo muy complejo que requiere ética y dedicación.
Las experiencias innovadoras en evaluación como la PACA o aquella de Primaria donde se trabajaba en grupo a la hora de evaluar requiere de dos elementos fundamentales: la formación del profesorado y las ganas de trabajar en equipo.
Ambos aspectos, a mi modo de ver, tienen problemas para llevarse a cabo. Por un lado la carencia de la formación del docente es algo grave. Bien es cierto que existen muchos cursos de reciclaje, de formación, etc. pero… ¿son verdaderamente eficaces? Santos Guerra ironizaba sobre esto diciendo que los cursos se hacen y ahí se quedan, en el fichero del currículo. ¿Son productivos los cursos de formación docente? Bueno, yo no soy quien para criticar o comentar esto porque no soy docente en práctica –más quisiera-, pero lo que sí sé es que el docente que entra en la profesión, es decir, que se pone a trabajar, pienso que con 3 años de carrera o 4 no es posible. Bajo mi punto de vista la formación del docente en la Universidad deberían de ser 6 años BIEN APROVECHADOS. Sí, pongo esto último en mayúsculas porque, a mi modo de ver, la formación no depende de los años sino de la calidad –aunque bien es cierto que a mayor número de años, mayores posibilidades de tener mejores docentes que te formen mucho más, al menos desde mi experiencia-.
Luego esta el efecto concha, muy ligado al animal de la semana. Este efecto lo podríamos describir como aquel proceso por el cual un docente nuevo –o antiguo- entra en la institución cargado de energías y de hacer cosas para mejorar la enseñanza y al toparse con el muro de la mediocridad se incrusta en él y forma parte de esto. Asimismo, este proceso hace que el docente se retraiga, es decir, que esconda lo que siente, lo que desea hacer, que lo oculte todo y trabaje de manera aislada, como si de una isla se tratase.
Pasando a los problemas en evaluación, Santos Guerra nos ofreció un total de doce. Nuevamente vuelvo a subrayar y poner en mayúsculas aquellas frases o palabras que me marcan y que debo de tener presente cuando ejerza la profesión. No debo olvidar de donde provengo.
A mi modo de ver, aparte de la lógica del autoservicio, la rutina, burocracia, dogmatismo, individualismo, meritocracia, malas condiciones, pereza, pesimismo, fatalismo, fagocitosis del buen docente y el desamor, aparte de estos pienso que hay otro problema y que viene de un conflicto de intereses como es la evaluación formativa y la evaluación sumativa.
Efectivamente, estos dos procesos para mí son complementarios, y pienso que no se debe satanizar ni el uno ni el otro sino que deben convivir en armonía. El problema es que hay mucha ideología o intereses de por medio. Leyendo a R. House (1986), este autor establece esta consonancia entre ambos, que deben convivir para ayudar a mejorar la educación. Sin embargo, las ideologías prevalecen sobre la educación y en este caso, el neoliberalismo y el resultadismo puro y duro devora a la evaluación formativa.
¿Carencia de formación? ¿Hay personas que meten la nariz en la educación si tener ni puñetera idea? ¿Intereses de por medio? Según mi humilde opinión todos estos factores están bien juntitos en la lucha evaluación formativa frente a la evaluación sumativa. Se traslada el mundo economista y financiero a la escuela, cuando la escuela es un mundo completamente diferente. No se puede rendir cuentas como si la producción de bienes o beneficios se tratase. La escuela no es una fábrica –al menos así la veo y así lo dice James Coleman (19989) en su libro Inserción de los jóvenes en una sociedad de cambio, donde establece que la escuela tiene que educar y no solo instruir-. Soy de los que pienso que estamos tirando por el camino equivocado y que no nos ayudará en absoluto. El ajuste de cuentas, el máximo rendimiento, la competitividad, etc. creo que no son aspectos que les concierne a la escuela, todo lo contrario. ¿Qué queremos formar en el mundo? ¿Ciudadanas y ciudadanos del siglo XXI, la sociedad del conocimiento (Ángel Pérez), o la ley de la selva donde sobrevive el más fuerte?.
Igual pienso que la evaluación formativa y sumativa han de ir acompañadas de la mano, que una ayudará a que la otra mejore y que la otra establecerá aspectos en los que flaqueamos para poder mejorarlos. La ley de examinación continua –pesar el pollo- no hace que el pollo engorde o corrija su caminar –que mejore los aprendizajes-.
Ya cerrando el módulo de Evaluación Educativa, pasamos a la evaluación de las instituciones. Realmente no dimos mucho porque nos quedamos en la introducción solamente.
Voy a ser escueto porque ya iremos trabajando este tema en futuras semanas. De esta sesión me quedo única y exclusivamente con una frase: Hay muchas formas e ideas para evaluar pero si aplicamos una determinada, hay que fundamentarla. Considero que desde el punto de vista educativo, es fundamental decir por qué hacemos esto y no lo otro. A un docente hay que exigirle cuentas de lo que hace, que justifique lo que hace y por qué. No se puede quedar en el irracionalismo predominante en la carencia formativa de muchos docentes, ni tampoco se tiene que quedar en una mayor presión burocrática por parte de las instituciones. Se trata de que el docente trabaje y planifique la evaluación en base a una postura o un paradigma, que trabaje con coherencia.
Así doy por cerrada estas dos semanas en las cuales ha habido una excursión al María de la O y la visita del genial Gimeno Sacristán. A estos dos apartados les dedicaré un espacio específico para reflexionar sobre lo que nos ha aportado.
Para finalizar decir que posiblemente las personas tratamos de mostrarnos invulnerables y fríos ante los demás, que los sentimientos y la fragilidad humana son vistos en la sociedad como algo negativo y que se debe ocultar. Quizás por eso tengamos nuestras conchas, para defendernos de la crueldad de la sociedad.
A las almejas les pasa igual: duras por fuera y frágiles por dentro. ¿Se podrá revertir la situación algún día? No lo sé, pero opino que los docentes somos esa llave para abrir la puerta hacia un mundo mejor y más humano. Quizás algún día nos deshagamos de nuestras conchas y podamos mostrarnos al mundo tal y como somos sin miedo a ser juzgados o atacados.
¡Muchas gracias almeja!