Mi primera vez... (ENTREVISTANDO)

Bueno, ayer relicé mi primera entrevista en plan serio. Hace ya un tiempo estaba interesado en conocer la función de un docente en su centro, así que le entrevisté ayer por la tarde. Qué puedo decir...nervios, tensión y preocupación a go go. Pues me pasaba las horas previas pensando si aquello iba a salir mal, si me iba a saltar algo de información que realmente necesitaba... puff ¡tenía un lío gordo en la cabeza!

Antes de empezar lo que hice fue diseñar la entrevista, tal y como Kiko y Miguel nos había comentado el martes pasado. Ahí estaba yo, esta vez solo ante el peligro, sin nadie que me echara un cable a la hora de diseñar las preguntas y temáticas las cuales iba a tocar. Me acordé de muchas ideas que mis compañeros y compañeras del Máster tuvieron. Que si núcleos temáticos, que si el permiso, que si la confidencialidad, que si esta pregunta enfocada de tal manera y así o asao estaría súper chula.... vamos, que eran muchas cosas.

Sin embargo, con esfuerzo e ilusión diseñé mi propia entrevista. ¡Ya la he parido! ¡Parece bonita! Con sus partes bien organizada, con preguntas que tocan la metodología, con una breve introducción. Joder, si he puesto hasta una pregunta para romper el hielo guapísima; de fútbol va, no veas, voy a arrasar cuando empiece, me decía a mí mismo cuando leía algunas preguntas orientadoras.

Eran las seis menos diez de la tarde y puse rumbo al centro educativo donde había quedado para entrevistarme con el docente. Oye qué pasa. Sí, soy yo, el alumno de la Facultad de C.C. Educación. Aquí fuera estoy esperando. ¿Que vienes? Vale, espero. Gracias, fueron mis palabras cuando llamé al docente mientras le esperaba en la puerta del centro. Salió y se acercó a mí. 


- Buenas tardes, soy Manuel- me presenté mientras le estreché la mano.

- Encantado, Fulanito soy- me respondió.

- Bueno, ¿vamos al lío?- le dije mientras íbamos entrando al centro.

- Sí claro, vamos a este aula y ya empezamos- replicó el docente.

Pues la verdad es que no estaba nervioso, pero cuando entré en el aula y empecé a sacar el material, parecía que tenía una lombriz en el estómago revoloteando. ¡Estaba hecho un manojo de nervios!

Y saqué todo el material y dimos comienzo a la entrevista. Aceptó ser grabado. Me gustaría comentarte que toodo lo que se vaya a grabar será confidencial, nadie lo oirá excepto yo y única y exclusivamente se utilizará solo como información mantieniéndose siempre el anonimáto, ¡toma!, pedazo de frase me marqué. ¡Así sí! Me sentí pletórico cuando solté esa frase.

La entrevista dio comienzo, y tras unas preguntas sobre el día a día (hablamos sobre lo malos son los políticos: tema que nunca falla, es genial) comencé a conocer un poco sobre la trayectoria inicial del docente: formación, interinidad, etc. Luego empezamos a hablar sobre su metodología y justamente en ese momento entró otra maestra. Se me cambió la cara, ¿y ahora qué hago? En seguida apagué la grabación, se me presentó la maestra y ésta se quedó en el aula preguntado que qué estábamos haciendo. Mi mirada lo decía todo: SALTE DE AQUÍ, YA; pero ella se quedó y quiso participar en la entrevista.

Así que nada, a tirar de nuevo del permiso y de la frase que me había aprendido al dedillo: . Me gustaría comentarte que toodo lo que se vaya a grabar será confidencial, nadie lo oirá excepto yo y única y exclusivamente se utilizará solo como información mantieniéndose siempre el anonimáto Todo bien, jojojo, qué bien se me da decir esto; le voy cogiendo el gustillo, oye.

Ahora estaba ante un problemón: tenía una entrevista compartida. ¿Y ahora qué co*o hago? Entre mirar los ojos a uno, al otro, apuntar en la libreta, mirar el guión de vez en cuando... madre mía estaba volviéndome loco. PERO QUÉ HAGO CON ESTAAAA!, me decía a mí mismo mientras escuchaba. Puffffff, qué mal rato. Trataba de darle la palabra de vez en cuando a ella y así salía del paso, solucionando aquello como podía.

Durante la entrevista me di cuenta que surgió esa información emergente de la que tanto Miguel y Kiko hablaban. Información importante y muy interesante. Además, al maestro se le ponía los ojos chiribitas al hablar sobre dicha información y lo dejaba fluir, pues la cuestión es que el entrevistado haable y haable. Tú habla, habla, que yo grabo y escucho, le comentaba cuando él me preguntaba si se estaba pasando.

Y ya terminó la entrevista. Apagué la grabadora. Les di las gracias y nos pusimos a hablar de un tema más interesante: cervezas y tipos de vino (estos temas siempre dan mucho que hablar, macho). Al finalizar me fui nuevamente a la facultad y de vuelta a casa en mi bici fui escuchado los fragmentos de la grabación, para así analizarla y valorarla.

Tras finalizar la escucha empezaba lo bueno: meterme caña, es decir, ahondar en los fallos o cosas que vi mal. Desde luego que la filosofía de meter caña que me han inculcado Kiko y Miguel es buena, buena...

Pues bien, no me voy a explayar, pondré aquellos aspectos en los que me di cuenta que fallé:
 

 

 

- A veces pequé de informal. Pues sí, se me escapó algún que otro ¡qué hijos de p**as!, cuando hablábamos sobre la administración y la normativa. Es que a veces le entran a uno unas ganas de decir un taco que pa qué.

- El problema de la grabadora. Fui con mi (puerco) móvil. Pensé que aquello grabaría toda la entrevista del tirón, pero no, se paraba cada cinco minutos y tenía que estar muy pendiente a ella. Esto hacía que no les mirara a los ojos y tenía la impresión de que los maestros se preguntaban qué hacía tanto. Pues sí, reactivar la grabadora fue un imprevisto que no me lo esperaba. Lo que es más, se lo tuve que comentar durante la grabación.

- La maestra. Menudo papelón, ni sabía qué preguntarle, ni la conocía ni nada. Cierto que fue muy agradable y participativa, pero había veces que tenía la sensación de que había otra fuente rica y no la aproveché como pude. Le preguntaba a ella pero no sé, no me esperaba aquello y me trastocó mucho.

- Me desviaba a veces. Pues sí, era tan interesante la información que me ofrecían que estaba absorto en ella. Anotaba ideas claves, pero la mayor parte del tiempo les escuchaba. Era súper interesante y no les quería cortar en absoluto. ¿Qué pasaba? Pues que se me escapaban cosas que preguntarle sobre el tema que estaban tratando, aunque pregunté y mucho per me dio la sensación de que podía haber profundizado un poquitín más.

- El orden. PUUUUUUUUF, qué decir, madre mía... Me fui de Salamanca a Japón en la parte final de la entrevista. Estuve finalizando y recordé que se me había olvidado preguntar sobre el uso de una herramienta y tuve que retomar la entrevista. Sus caras decían algo así como "¿aún no hemos acabado?" Qué apuro pasé.

 

Y bueno, para finalizar decir que la entrevista me duró unos 45-50 minutos aproximadamente cuando tenía prevista que durara tan solo 30 minutos. Fue una experiencia muy interesante, magnífica y enriquecedora. Sé que aún estoy muy verde, pero la verdad es que agradezco la manera en la que me trataron ambos docentes. 

Sin duda alguna haciendo es cómo se aprende. ¡A ver qué pasa el martes con el análisis de las entrevistas!